En la ladera de una duna de la península de Paracas, un enorme candelabro de 180 metros de largo domina el paisaje costero. Grabado en la arena, su origen sigue siendo un enigma. Algunos lo atribuyen a la cultura Paracas, otros a navegantes antiguos. No hay consenso sobre su función, pero su presencia es innegable.
Técnicas de datación y construcción del geoglifo 🏺
El geoglifo se excavó en la capa superficial de la duna, removiendo la arena más oscura para exponer la capa clara de caliche subyacente. Esta técnica, similar a la de las líneas de Nazca, permite que la figura perdure. Las dataciones por carbono-14 de fragmentos de cerámica cercanos sugieren una antigüedad de entre 200 a.C. y 600 d.C., pero sin precisión. La erosión eólica y los deslizamientos de arena complican cualquier análisis. Hoy, los drones permiten mapear su estado, pero no resolver su propósito.
El candelabro que no ilumina ni a los turistas 🕵️
Lo curioso es que, pese a su tamaño, nadie sabe a qué apunta este candelabro. ¿Marcaba una ruta marítima? ¿Era un faro para dioses antiguos? Hoy, su función principal es aparecer en fotos de Instagram y en folletos de viajes. Los turistas llegan, lo miran, se toman una selfie y se van sin saber si era un calendario, un altar o un dibujo de un alienígena con buen gusto decorativo. El misterio sigue, pero al menos da trabajo a los guías locales.