Durante tres décadas, el cadáver conocido como Green Boots fue un punto de referencia en la ruta hacia la cima del Everest. Miles de escaladores pasaron junto a él sin que operadores turísticos o gobiernos actuaran. Su reciente recuperación no es un gesto humanitario, sino el síntoma de un modelo que normaliza la muerte para maximizar beneficios.
Tecnología de rescate: drones y oxígeno embotellado contra el lucro 🚁
La solución técnica existe desde hace años. Drones de alta altitud pueden transportar suministros de oxígeno, y sistemas de fijación con cuerdas dinámicas permiten descensos asistidos. Sin embargo, las agencias comerciales evitan invertir en protocolos de rescate obligatorios. Un fondo común financiado con un recargo fijo en cada permiso de ascenso (unos 200 euros por escalador) cubriría equipos de intervención rápida y helicópteros de gran altitud. La tecnología no falla; falla la voluntad de aplicarla cuando la vida no cotiza en Bolsa.
La nueva ruta turística: evita el atasco en el cadáver 🗿
Ahora que retiraron a Green Boots, los guías están preocupados: ¿qué hito usarán para decir a sus clientes que ya falta poco para la cima? Algunos sugieren instalar carteles luminosos con publicidad de bebidas isotónicas. Otros proponen dejar un maniquí de Ikea, que al menos viene con instrucciones de montaje. Mientras tanto, los escaladores de élite se quejan: sin el esqueleto de adorno, el paisaje pierde ese toque exótico que tanto subían a Instagram.