Cada año, miles de estudiantes obtienen nota para estudiar Medicina o Ingeniería, pero se quedan fuera por falta de cupos. Mientras tanto, hospitales y empresas tecnológicas arrastran déficits crónicos de profesionales. El problema no es la alta demanda, sino un sistema público que congela sus plazas mientras las necesidades sociales crecen. Ampliar la capacidad no es un capricho, es una urgencia estructural.
La paradoja tecnológica: sobran candidatos, faltan ingenieros 🤖
En sectores como el desarrollo de software o la inteligencia artificial, las empresas llevan años reclamando perfiles técnicos que no encuentran. Sin embargo, las universidades públicas mantienen ratios de acceso similares a los de 1990. Invertir en más laboratorios, docentes y aulas virtuales permitiría duplicar la matrícula en titulaciones STEM sin perder calidad. La tecnología avanza, pero el sistema universitario opera con lógica de museo.
Spoiler: la selectividad no mide tu talento, mide cuántos caben en la sala 🎭
La nota de corte es como un casting donde el director decide que solo caben 50 actores en el teatro, aunque haya 500 en la cola. Así que el mensaje para el 90% de aspirantes es: lo siento, eres brillante, pero no hay sillas. Mientras, en la vida real, los hospitales necesitan médicos y las fábricas, ingenieros. La solución parece obvia: comprar más sillas. Pero eso implicaría gastar dinero público, y ya sabemos que eso da alergia.