Netflix estrena una serie y documental sobre el asesinato de Rachel Nickell en 1992. Su hijo Alex, que entonces tenía dos años y fue testigo, y su padre André Hanscombe cuentan su historia. El objetivo es mostrar el trauma y los errores policiales que permitieron al asesino Robert Napper atacar a más mujeres. Revivir el dolor busca prevenir futuras tragedias.
Perfiles genéticos y bases de datos: la tecnología que faltó en 1992 🧬
En los años 90, la policía británica no usaba bases de datos genéticas como las actuales. Robert Napper ya había cometido delitos, pero su perfil de ADN no estaba en el sistema. Hoy, herramientas como CODIS permiten cruzar muestras de escenas del crimen con delincuentes registrados. La falta de esta tecnología en 1992 retrasó la identificación del asesino, que mató a otras mujeres antes de ser capturado. La lección es clara: la inversión en sistemas forenses salva vidas.
El testigo estrella que no pudo hablar (ni pedir un café) ☕
El único testigo del crimen era Alex, de dos años. La policía intentó que señalara al sospechoso en una rueda de reconocimiento con juguetes. Sí, como suena: un niño que apenas decía palabras tuvo que identificar a un asesino. Para colmo, el principal sospechoso, Colin Stagg, fue acosado durante un año por una agente encubierta que intentaba seducirlo. Al final, el verdadero culpable estaba en el parque de al lado. Menos mal que hoy tenemos cámaras y ADN, porque las técnicas de entonces parecen sacadas de un episodio de Los Simpson.