España tiene 1.200 embalses y no puede construir ni uno más por el impacto ambiental. En Fraga, Huesca, están elevando un dique para ganar algo de capacidad, pero el problema real no es la falta de presas, sino el barro que se acumula en el fondo. Esa capa de sedimentos reduce el agua disponible y amenaza con restricciones y recibos más altos para los ciudadanos.
Recrecer presas viejas: la solución técnica con debate 🌊
La alternativa técnica pasa por recrecer las presas existentes, es decir, subir su altura para recuperar el volumen perdido por la sedimentación. El proceso implica reforzar estructuras de hormigón, instalar nuevas compuertas y gestionar el dragado del lodo acumulado. Pero no es sencillo: cada recrecimiento requiere estudios geológicos, permisos ambientales y presupuestos millonarios. Además, genera debate entre quienes defienden más capacidad y quienes alertan del impacto en los ríos. Mientras tanto, el barro sigue ganando la partida.
El barro no paga impuestos, pero lo hará 💸
Mientras los técnicos discuten cómo sacar el lodo, la ciudadanía ya imagina el próximo recibo del agua con un suplemento por sedimento. Quizás lo suyo sería ponerle IVA al barro o crear una tasa municipal por fango. Al paso que vamos, pronto pediremos a los pantanos que presenten declaración de la renta. Lo único seguro es que, entre la burocracia y el cieno, el agua será un conflicto constante. Y no, no podemos pedirle un crédito al barro.