José Antonio Mateo, un madrileño de 90 años, ha dedicado medio siglo a crear arte con una técnica propia llamada grapel. Consiste en raspar radiografías desechadas con un bisturí, generando más de 600 obras. Cada pieza requiere hasta nueve meses de trabajo, lo que hace inviable su rentabilidad económica. Su caso demuestra que la creatividad puede surgir de materiales olvidados, pero exige una dedicación que el mercado no recompensa.
La precisión del bisturí sobre la placa radiográfica 🎨
La técnica del grapel se asemeja al grabado tradicional, pero sobre un soporte médico. Mateo usa radiografías ya inservibles, las fija y con un bisturí de punta fina raspa las capas de emulsión. Esto produce un efecto de contraste entre las zonas oscuras y las rayadas, generando retratos y paisajes. No hay margen para el error: un corte mal hecho obliga a reiniciar el proceso. La herramienta es básica, pero el resultado depende del control manual y la visión artística del autor.
Nueve meses por obra: el arte como hobby de lujo ⏳
Si usted cree que esperar tres días por un envío de Amazon es una eternidad, no conozca a Mateo. El hombre dedica nueve meses a una sola pieza, tiempo en el que usted podría haberse visto toda la saga de El Padrino varias veces y aún le sobrarían tardes. El grapel no da para pagar el alquiler, pero al menos evita que el artista se aburra en la jubilación. Al fin y al cabo, raspar radiografías es más barato que un psiquiatra.