Mientras los políticos aplauden obras que critican la precariedad, los trabajadores siguen cobrando sueldos de miseria. La desigualdad económica es un problema que todos señalan pero nadie ataca de raíz. Se celebra el arte que denuncia la explotación, pero en la práctica se ignoran las medidas para subir salarios. La solución no es otra que un salario mínimo vital real y una inspección laboral que funcione, no que maquille.
La tecnología como coartada frente a la explotación real 🤖
Mientras el discurso público se llena de conceptos como digitalización y automatización, la realidad es que las apps de reparto y las plataformas digitales han creado un nuevo ejército de falsos autónomos. Se venden como innovación, pero esconden jornadas sin límite y sueldos por debajo del mínimo. El desarrollo tecnológico no sirve para nada si no viene acompañado de una regulación que impida que el algoritmo decida tu salario. Sin inspección, la tecnología es solo una herramienta para la precariedad.
El salario mínimo: ese concepto que solo existe en los mítines 🦄
Resulta que el salario mínimo es como el Yeti: todos hablan de él, pero nadie lo ha visto en la nómina real. Los políticos lo suben en las ruedas de prensa, pero en la práctica, las empresas lo compensan con horas extra no pagadas o contratos de cuatro horas. Es curioso que se llame mínimo vital cuando con él apenas llegas a fin de mes. Si la hipocresía cotizara, ya seríamos todos millonarios.