Peter Wills y Paul Hammerton, ambos de 64 años, llevan más de 15 años elaborando las coronas de amapola que la familia real británica coloca en el Cenotafio cada año. Su trabajo manual, preciso y constante, ha sido reconocido con la Medalla del Imperio Británico. Para muchos ciudadanos, esta distinción subraya la importancia de recordar a quienes dieron su vida por el país.
Un taller artesanal con precisión técnica 🛠️
La elaboración de estas coronas exige un control de materiales y tiempos que cualquier desarrollador apreciaría. Cada amapola de seda se fija a una base de mimbre con un patrón específico, asegurando simetría y resistencia. Wills y Hammerton aplican técnicas heredadas y ajustes estacionales para soportar el clima londinense. Además, el taller emplea a personas con discapacidad auditiva, integrando procesos de comunicación visual que optimizan el flujo de trabajo sin depender del sonido.
Coronas que callan bocas, pero no a los artesanos 😏
Mientras los políticos discuten presupuestos, dos señores de 64 años llevan una década y media poniendo flores de tela en su sitio. La medalla les llega cuando ya podrían estar jubilados, pero parece que nadie más sabía pegar amapolas con precisión militar. Lo mejor: su taller apoya a personas sordas, así que al menos allí nadie discute sobre quién hizo mal el nudo.