En la isla de Baréin, más de 350.000 túmulos funerarios se extienden por el desierto, formando una de las necrópolis más grandes del mundo. Pertenecen a la civilización de Dilmun, una potencia comercial del Golfo Pérsico que controló el tráfico de cobre y dátiles hace 4.000 años. Sin embargo, su estructura social y sus creencias siguen siendo un enigma para los arqueólogos.
Láser y georradar: la tecnología que mide el silencio de las tumbas 🏛️
Equipos de la Universidad de Varsovia han utilizado escáneres LiDAR y radar de penetración terrestre para cartografiar estos montículos sin excavarlos. Los datos revelan patrones de construcción: túmulos familiares con cámaras de piedra, orientados hacia el norte. Algunos contienen ajuares de cerámica mesopotámica, lo que sugiere rutas comerciales activas. El análisis isotópico de restos óseos indica una dieta rica en pescado y dátiles, típica de una sociedad portuaria.
¿Una funeraria con franquicia? El negocio de morir en Dilmun 💀
Con más de 350.000 tumbas, parece que en Dilmun morirse era una actividad muy popular. Los arqueólogos calculan que la necrópolis estuvo en uso durante 500 años. O sea, que cada semana enterraban a unas 13 personas. Si sumamos los costos de la piedra caliza, los dátiles de ofrenda y el salario del sacerdote, el negocio funerario debía ser más rentable que el del cobre. Quizás por eso nunca escribieron su historia: estaban demasiado ocupados cavando.