Hace una década, el asesinato de la diputada británica Jo Cox a manos de un extremista de ultraderecha conmocionó al Reino Unido. Su hermana, quien continuó su legado político, afirma que las lecciones sobre el odio y la violencia política siguen sin aplicarse. Para la ciudadanía, esto significa que la polarización y el riesgo de ataques contra figuras públicas persisten como una amenaza real.
Algoritmos de odio: la tecnología como amplificador de la polarización 🤖
Las plataformas digitales han pasado de ser foros de debate a cámaras de eco. Los sistemas de recomendación priorizan contenido extremo para retener la atención, y los discursos de odio encuentran un canal de propagación más eficiente que hace una década. Aunque se han implementado filtros y políticas de moderación, la velocidad de difusión supera la capacidad de control. La ultraderecha ha sabido adaptar su mensaje a estos entornos.
Diez años después, seguimos sin pasar de nivel en tolerancia 🎮
Si esto fuera un videojuego, estaríamos atrapados en el nivel uno de convivencia democrática. Los políticos aún necesitan chaleco antibalas para salir a la calle, y las redes sociales siguen siendo un ring de boxeo sin árbitro. Lo peor es que ni siquiera hemos desbloqueado el logro de escuchar al otro sin querer bloquearlo. Parece que el parche de la tolerancia aún no llega a la descarga.