Durante una década, el Ayuntamiento ha mantenido en el cajón el Plan de Movilidad Urbana, una hipocresía política que prioriza la inacción frente a la necesidad de los ciudadanos. La falta de conexión entre barrios y polígonos industriales fuerza el uso del coche, contradiciendo cualquier discurso ecológico. No se trata de falta de ideas, sino de falta de voluntad para ejecutarlas.
Conexiones rotas: el coste técnico de ignorar el transporte público 🚌
Sin un plan director, las líneas de autobús operan con trazados improvisados que no cubren las zonas de mayor demanda. Los polígonos industriales quedan aislados en horarios nocturnos, y los carriles bici son tramos inconexos que no forman red. La solución técnica pasa por reactivar el plan con plazos concretos y presupuesto vinculante, integrando rutas para bicicletas y patinetes. Solo así se reduce la dependencia del vehículo privado y se logra una ciudad más accesible y sostenible.
La movilidad sostenible según el Ayuntamiento: rezar y conducir 🚗
La estrategia municipal parece clara: dejar que el tráfico colapse hasta que los ciudadanos, por pura desesperación, decidan ir andando. Mientras tanto, los discursos verdes se repiten cada año como un mantra vacío. Quizás el próximo plan incluya una app para pedir un autobús a la carta, o tal vez sigan confiando en que el teletrabajo resuelva lo que ellos no quieren gestionar.