El concepto de desprendimiento suborbital ha pasado de ser ciencia ficción a un campo de pruebas real para la exploración espacial. A diferencia de un viaje orbital completo, estas trayectorias alcanzan el espacio exterior sin la energía necesaria para dar la vuelta al planeta. Es un paso intermedio, un trampolín técnico que empresas y agencias utilizan para validar sistemas y reducir costes antes de dar el salto orbital completo.
Tecnología de bajo presupuesto para alturas elevadas 🚀
Los vuelos suborbitales emplean motores de cohete de combustible líquido o sólido con perfiles de empuje ajustados para alcanzar entre 80 y 100 kilómetros de altitud. La nave experimenta unos minutos de ingravidez antes de reingresar a la atmósfera, donde los escudos térmicos y sistemas de paracaídas deben funcionar con precisión. La reutilización de componentes, como en el caso del SpaceShipTwo de Virgin Galactic, busca abaratar cada lanzamiento, aunque los márgenes de seguridad y el desgaste de materiales siguen siendo un desafío constante.
El turista que pagó un pastón para vomitar en gravedad cero 💸
Lo mejor de todo es que ahora cualquier mortal con una cuenta bancaria abultada puede comprar un billete para ver la curvatura de la Tierra, siempre que no le importe pasar cinco minutos flotando en una lata presurizada mientras el piloto reza para que el paracaídas se abra. Eso sí, la experiencia incluye un certificado oficial de astronauta y la posibilidad de contar en las cenas que has estado más cerca del espacio que el WiFi de tu casa. Todo un chollo.