Salome Mikadze-Struk, empresaria ucraniana, fundó una empresa de software durante la pandemia y la invasión rusa. Su historia demuestra que la adversidad extrema puede ser un catalizador para la adaptación. Para cualquier ciudadano enfrentando crisis económicas o laborales, su ejemplo ofrece una hoja de ruta: la resiliencia no es un don, sino una habilidad que se entrena en el día a día.
Cómo construir software en medio del caos 🛠️
La clave no fue un plan maestro, sino la iteración constante. Sin acceso estable a internet ni electricidad, Mikadze-Struk implementó metodologías ágiles con equipos remotos. Priorizó la comunicación asíncrona y el uso de herramientas offline-first para mantener la productividad. Su stack técnico se adaptó a la realidad: bases de datos locales que sincronizaban cuando había conexión, y un sistema de depliegue automatizado que minimizaba la dependencia de servidores centralizados.
El lado bueno de que tu oficina sea un búnker 😅
Cuando tu mayor desafío no es el sprint de Scrum sino esquivar misiles, el teletrabajo adquiere otro sentido. Salome descubrió que la reunión diaria de las 9 am es menos estresante si ya sobreviviste a un apagón. Eso sí, al menos en una oficina normal el café frío es la peor emergencia. Su lección: si puedes desarrollar código mientras oyes sirenas, una presentación en PowerPoint ya no te asusta.