El grupo boricua Chuwi ha demostrado que la perseverancia tiene recompensa. Tras años trabajando como camareros para costear su música, ahora son los teloneros de Bad Bunny en su gira Debí tirar más fotos, que aterriza en Madrid. Su historia sirve como ejemplo de cómo el esfuerzo y el talento pueden abrir puertas en una industria donde muchos buscan vivir de su arte.
El backstage tecnológico: cómo se gestiona una gira de este calibre 🎛️
Detrás de cada concierto hay un ecosistema técnico complejo. Chuwi ha tenido que adaptarse a sistemas de sonido de gran formato, como los arrays de altavoces L-Acoustics K2, y a consolas digitales como la Avid Venue S6L. La sincronización de pistas, monitores in-ear y la iluminación DMX exige ensayos previos y una comunicación fluida con el equipo de Bad Bunny. No es solo talento; es también manejo de protocolos y hardware.
El truco para no devolver las copas: tocar mejor que el barman 🍻
Lo mejor de todo es que Chuwi ya no tiene que preocuparse por si les echan del local por tocar muy alto. Ahora, su mayor dilema es si pedir el catering del camerino o ir al puesto de perritos calientes de la esquina. Y ojo, que si antes dejaban propina para que les dejaran el micro, ahora Bad Bunny les paga por usarlo. Eso sí, la habilidad de servir cervezas sin espuma aún les sirve para calmar a los fans impacientes.