La semana pasada, un satélite de comunicaciones de la constelación OrbitalTech perdió su estabilidad y se desintegró en la atmósfera terrestre. El evento, registrado por varias agencias espaciales, no causó daños en tierra, pero reabre el debate sobre la basura espacial y los riesgos de tener miles de objetos orbitando sin control. Las piezas más grandes cayeron en el Pacífico Sur.
Fallo en cadena: el riesgo de un efecto dominó en órbita baja 🛰️
El colapso se produjo por una combinación de fatiga del material y un microimpacto previo no detectado. Cuando el panel solar se desprendió, el satélite perdió su referencia de orientación y entró en un giro descontrolado. Los sistemas de propulsión de emergencia no respondieron, probablemente por un fallo en las baterías. Este tipo de incidentes se multiplican al aumentar el número de satélites en órbita baja. Cada colapso genera decenas de fragmentos que amenazan a otros equipos.
La chatarra espacial no cotiza en bolsa... todavía 💸
Lo más gracioso es que el satélite llevaba apenas tres años en servicio, cuando su vida útil estimada era de diez. Vamos, que se jubiló antes de tiempo y sin avisar. Ahora flota convertido en una nube de virutas metálicas que viajan a 28.000 km/h. Si alguien pensaba invertir en seguros para satélites, que sepa que la prima acaba de subir. Eso sí, al menos no cayó en una piscina.