La multinacional suiza Cicor ha vendido su planta en Túnez por 1,3 millones de euros y concentrará su producción en Berrechid y Témara, Marruecos. La reubicación, que afectará a 220 empleos, un 5% de su plantilla, forma parte de un plan para mejorar la rentabilidad. Para la ciudadanía, esta decisión refleja que las empresas buscan eficiencia, aunque a costa de la estabilidad laboral local.
La tecnología como excusa para la deslocalización industrial 🤖
Cicor justifica su movimiento en la necesidad de optimizar costes y procesos. La automatización y la digitalización permiten centralizar la producción en Marruecos, donde los costes operativos son menores y la logística hacia Europa es más ágil. Sin embargo, para los trabajadores tunecinos, la tecnología no es un avance sino un certificado de despido. La empresa prioriza el margen de ganancia sobre la mano de obra local, usando la eficiencia técnica como coartada.
Venden la fábrica por el precio de un piso en Madrid 🏢
Por 1,3 millones de euros, Cicor se ha deshecho de una fábrica entera en Túnez. Con ese dinero, en Madrid apenas compras un piso de 80 metros cuadrados en un barrio normal. La diferencia es que el piso no deja a 220 personas en la calle. La jugada es redonda: venden barato, se mudan a Marruecos y, de paso, demuestran que para las multinacionales, un empleado vale menos que el metro cuadrado de un salón.