El uso de ChatGPT para calcular cuotas de extorsión escolar ha destapado una realidad incómoda: la tecnología no genera violencia, solo la amplifica. Mientras algunos señalan a la inteligencia artificial como la raíz del mal, se ignora que un adolescente que recurre a una máquina para amenazar ya arrastra una grave carencia de empatía, supervisión y educación emocional. No es un fallo algorítmico, es un fallo humano.
La ética digital como asignatura pendiente en los centros educativos 📚
Implementar programas obligatorios de convivencia y ética digital desde primaria es más urgente que prohibir herramientas. La solución técnica pasa por diseñar filtros de contenido en modelos de lenguaje que detecten patrones de coerción, pero eso no sustituye la labor de formar ciudadanos digitales responsables. Las sanciones educativas que reparen el daño, como trabajos comunitarios o mediación entre víctima y agresor, resultan más efectivas que el castigo penal aislado.
La IA no pide la paga, pero el alumno sí 💸
Ahora resulta que el chatbot es el malo de la película, cuando el verdadero guionista es un crío que aprendió en TikTok que pedir el bocadillo a cambio de no molestar era un modelo de negocio. Lo próximo será culpar a la calculadora por los suspensos en matemáticas o al GPS por los atascos. Mientras no enseñemos que amenazar está mal, da igual que la amenaza la escriba un alumno o un algoritmo.