Alemania y Francia han dado por terminado el proyecto del caza de nueva generación, un programa valorado en más de 100.000 millones de euros lanzado en 2017. La causa no es técnica, sino un pulso entre Dassault y Airbus por el reparto del pastel industrial. Cada empresa quería liderar el diseño y la carga de trabajo, y los gobiernos no mediaron porque priorizan el empleo local sobre la cooperación.
El diseño del caza se estrelló contra el reparto de tareas 💥
Dassault, con sede en Francia, exigía control total sobre la arquitectura del avión, basándose en su experiencia con el Rafale. Airbus, desde Alemania, reclamaba mayor participación en el desarrollo del fuselaje y los sistemas de combate. Las negociaciones se enquistaron porque ninguna parte cedía un ápice de su cuota de trabajo. El resultado es que los 100.000 millones de euros nunca se asignaron realmente, pero el anuncio de cancelación sirve para que ambos países justifiquen ahora desarrollar sus propios cazas por separado, duplicando el gasto que pagarán los contribuyentes europeos.
Europa unida: dos cazas por el precio de uno (y medio) 💸
Ahora que el proyecto común ha fracasado, Francia y Alemania se lanzarán a fabricar sus propios aviones de combate. El contribuyente europeo financiará dos programas militares en lugar de uno, mientras los gobiernos culpan a Dassault y Airbus para evitar responsabilidades. La moraleja es clara: cuando hay dinero de por medio, la cooperación europea se desvanece. El ejército europeo sigue siendo un eslogan bonito para los mítines, pero en la práctica cada uno tira para su lado.