El mercado de carbono ha alcanzado un nuevo nivel de abstracción. Varias marcas están comprando créditos de CO₂ generados por erupciones volcánicas pasadas para compensar sus emisiones actuales. La lógica es simple: si un volcán emitió carbono hace siglos, se puede contabilizar como un sumidero moderno. Anuncios en 3D muestran cráteres inactivos absorbiendo humo industrial, reescribiendo la culpa climática como un truco contable visual que separa la física de la contabilidad.
La trampa contable del carbono fósil 🧮
Técnicamente, estos créditos se basan en modelos que calculan el carbono que un volcán pudo haber absorbido mediante procesos geológicos lentos, como la meteorización de rocas. Las empresas adquieren esos números y los restan de su huella actual. El problema es que ese CO₂ ya estaba en la atmósfera y fue parte del clima preindustrial. El truco contable permite que una tonelada emitida hoy se cancele con una tonelada emitida hace mil años, sin que se reduzca ni un gramo real de emisiones activas.
Volcanes zombis: muertos pero pagando facturas 💀
Así que ahora puedes conducir un todoterreno y compensarlo con el Vesubio del año 79 d.C. El volcán no se queja, está muerto. Las marcas lo presentan como una solución ecológica: tu CO₂ se va a un cráter extinto y desaparece. Es como si pagaras tu deuda con un billete que usó un romano para comprar pan. El volcán no absorbe nada, pero la contabilidad dice que sí. Mientras tanto, el planeta sigue calentándose y las marcas se toman un café mirando su volcán virtual.