Reducir emisiones ya no es suficiente. Frente al cambio climático, gobiernos y empresas apuestan por plantas de captura directa de CO2 atmosférico, como Mammoth en Islandia o Stratos en Texas. Estas instalaciones prometen aspirar el carbono del aire, pero su elevado coste y consumo energético generan dudas sobre su viabilidad real como solución global.
Cómo funcionan los aspiradores de carbono que prometen enfriar el planeta 🌍
La tecnología DAC (captura directa de aire) utiliza grandes ventiladores que filtran el CO2 mediante reacciones químicas con sorbentes sólidos o líquidos. Mammoth usa roca basáltica para mineralizar el carbono, mientras Stratos emplea calor para liberar el gas capturado. Cada tonelada cuesta entre 400 y 600 dólares, y se necesitan miles de estas plantas para tener un impacto significativo. La energía requerida suele provenir de fuentes renovables, pero la escala actual es mínima respecto a las emisiones globales.
La factura del aire limpio: quien contamina paga, pero todos terminamos pagando 💸
Lo más curioso es que mientras las petroleras invierten en estas plantas, siguen perforando sin freno. Es como si un fumador comprara un purificador de aire para su salón y luego encendiera un puro tras otro. La ciudadanía acabará financiando parte de la factura, ya sea en impuestos o en precios más altos. Al final, el CO2 capturado cuesta lo mismo que un menú del día, pero servido en porciones atmosféricas.