La regulación actual sobre datos biométricos aprueba su uso para desbloquear el móvil, pero prohíbe crear bases de datos masivas. Esto revela una contradicción empresarial: las mismas compañías que venden estos sistemas de reconocimiento facial o de huellas presionan luego para expandir su uso en vigilancia policial o en marketing. El problema es dejar que el mercado decida los límites éticos.
El dilema técnico de los datos biométricos no consentidos 🔐
Desde el punto de vista técnico, la biometría convierte tu cara o tu dedo en una clave única e irremplazable. Si esa base de datos se filtra, no puedes cambiar de huella como cambias de contraseña. La solución no es compleja: exigir consentimiento explícito y auditorías independientes para cada recogida de datos, sin excepción comercial. El código debe ser transparente y auditable por terceros.
La empresa que te vende el sensor y luego te vende la multa 💼
Es curioso: la misma compañía que te vende el sensor para desbloquear el móvil con la cara luego te ofrece un sistema de reconocimiento para el centro comercial, y si te quejas, te recuerda que aceptaste los términos al entrar. Es como si un cerrajero te vendiera la cerradura y luego te cobrara por no tener llave. Lo único que falta es que te pidan la huella para pagar el café y luego la usen para saber si llegas tarde al trabajo.