Científicos han descubierto bacterias vivas en los restos de Ötzi, el hombre de hielo momificado hace más de cinco milenios. Junto a ellas, hallaron hongos que crecieron tras su muerte. El hallazgo indica que microbios antiguos pueden mantenerse activos, ofreciendo pistas sobre supervivencia en condiciones extremas y posibles aplicaciones en medicina o conservación de alimentos.
Implicaciones tecnológicas para biología y conservación 🧬
Este descubrimiento permite analizar cómo ciertos microorganismos logran resistir la desecación y el frío extremo durante milenios. Desde el punto de vista técnico, su estudio podría aplicarse al desarrollo de métodos de criopreservación más eficientes para tejidos o alimentos. También abre vías para investigar patógenos antiguos y entender su evolución, lo que ayudaría a preparar respuestas ante posibles enfermedades emergentes. La capacidad de estos microbios para reactivarse tras siglos inactivos es un fenómeno que la ciencia recién comienza a comprender.
Ötzi, el anfitrión que no pidió la cena 🍽️
Después de 5300 años, Ötzi sigue siendo noticia no por su equipo de cobre o su último menú, sino por los inquilinos que dejó pasar. Resulta que su cuerpo se convirtió en un Airbnb para bacterias y hongos que ni siquiera pagaron renta. Lo peor es que estos huéspedes tardíos, además de no aportar nada, se llevan todo el crédito científico. Al menos Ötzi puede presumir de tener la flora intestinal más antigua del mundo, aunque nadie le preguntó si quería ser el anfitrión de un experimento milenario.