La firma de los cuatro aros presenta un superdeportivo híbrido de 1.001 caballos y un precio cercano a los 600.000 euros. Mientras tanto, una parte importante de la ciudadanía sigue sin poder acceder a un coche eléctrico de acceso por su elevado coste. Esta paradoja expone la prioridad de la industria: el juguete para coleccionistas antes que la movilidad sostenible para todos.
Un V8 biturbo con etiqueta ecológica de boutique 🏎️
Bajo el capó, el modelo combina un motor V8 de 4.0 litros con un propulsor eléctrico. La potencia total alcanza los 1.001 CV, con un par de 800 Nm. Acelera de 0 a 100 km/h en menos de 3 segundos, pero su autonomía eléctrica apenas supera los 15 kilómetros. Técnicamente es una obra de ingeniería, pero su función real es circular como un cohete de gasolina con un pequeño empujón eléctrico para cumplir normativas.
El dilema del millonario: ¿me compro un piso o un juguete de 600k? 💰
Por el precio de este bólido, una familia podría adquirir unos diez coches eléctricos urbanos. Pero claro, eso no serviría para impresionar en el club de golf. La solución sería gravar estas naves de usar y aparcar con un impuesto especial, y destinar ese dinero a subvencionar coches eléctricos de verdad. Así, mientras el coleccionista ruge por la autopista, el resto podría cargar su utilitario sin pedir un préstamo vitalicio.