En la reciente feria Art Osaka, una nueva generación de artistas de Kansai ha puesto sobre la mesa una pregunta simple pero incómoda: qué hemos hecho con nuestra relación con la naturaleza en la era digital. Sus obras, accesibles para cualquier ciudadano, abordan desde el uso excesivo del móvil hasta la pérdida de contacto con el entorno. No se trata de piezas crípticas, sino de espejos en los que vernos reflejados con el teléfono en la mano.
Códigos, sensores y madera: la técnica detrás de la crítica digital 🌿
Las instalaciones más llamativas integran sensores de movimiento y pantallas LED para simular cómo el paisaje natural se fragmenta al ser observado a través de dispositivos. Un artista local presentó una serie de esculturas de madera con circuitos impresos que reaccionan a la luz ambiental, mostrando cómo un simple cambio de iluminación altera la percepción del objeto. Otro trabajo emplea realidad aumentada para superponer datos de consumo eléctrico sobre proyecciones de bosques, evidenciando el coste energético de la hiperconexión. El resultado es una reflexión técnica sobre cómo el software moldea nuestra experiencia del mundo físico, sin necesidad de abrumar al visitante con jerga especializada.
El arte de no mirar el móvil ni para leer el cartel 📱
Lo curioso del evento es que, mientras los artistas reflexionan sobre nuestra adicción a las pantallas, varios asistentes se perdían la obra porque estaban grabándola para subirla a redes. Un vídeo mostraba a un árbol virtual que se marchitaba cada vez que alguien sacaba el móvil. La pieza más visitada, irónicamente, era la única que no tenía wifi: un jardín zen donde la gente, desesperada por no tener cobertura, terminó observando las piedras. Al final, nadie sabe si el arte cambió algo, pero al menos las plantas del recinto respiraron aliviadas al no recibir flash.