Amen Thompson no es un base al uso. Con 2.01 metros de altura y una envergadura de 2.13, juega como si hubiera sido diseñado en un laboratorio para romper esquemas. Su capacidad para defender a cinco posiciones y atacar el aro con violencia lo convierte en un espécimen poco común en la NBA. Analizamos en 3D qué hace especial a este jugador de los Houston Rockets.
Análisis biomecánico: palancas y explosividad 🏀
Desde el punto de vista técnico, su zancada es larga y cubre terreno sin esfuerzo aparente. La mecánica de su salto vertical, medida en 96 cm sin carrera, le permite finalizar por encima del aro con frecuencia. Sin embargo, su tiro exterior sigue siendo una asignatura pendiente: la muñeca gira poco y el lanzamiento es algo rígido. En defensa, su longitud de brazos le da un radio de acción que pocos igualan, permitiéndole desviar pases y bloquear tiros lejanos sin despegarse del suelo.
El tiro de tres: un misterio sin resolver 🤔
Lo más curioso es que Amen lanza como si el balón le quemara las manos. Su mecánica de tiro parece la de alguien que descubrió el triple ayer y aún no sabe si le gusta. En ocasiones, el balón sale con efecto extraño, como si pidiera clemencia al aro. Pero ojo: cuando penetra, es un martillo. Es como si tuviera dos personalidades: el base que asusta en la pintura y el tirador que asusta a su propio entrenador.