Cuarenta alcaldes de ciudades como Phoenix y Melbourne han firmado un pacto para regular la instalación de centros de datos de inteligencia artificial. Estos centros, voraces consumidores de electricidad, agua y tierra, ahora deberán ubicarse en terrenos abandonados, usar energía limpia y generar beneficios locales. La medida busca proteger recursos esenciales como el agua potable y evitar el alza en vivienda y servicios públicos.
Tecnología con límites: eficiencia energética y reubicación forzosa ⚡
Los centros de datos de IA requieren un suministro eléctrico constante y sistemas de refrigeración que demandan grandes volúmenes de agua. El pacto exige que estas instalaciones se asienten en zonas industriales degradadas o solares vacíos, no en terrenos residenciales o agrícolas. Además, deberán integrar fuentes renovables y sistemas de reciclaje de agua. La idea es que el desarrollo tecnológico no comprometa la infraestructura básica de las ciudades ni dispare los costos operativos para los vecinos.
La IA ya no podrá beberse tu agua del grifo 💧
Por fin, los alcaldes le han puesto freno al monstruo de silicio que se estaba bañando en agua potable mientras tú pagabas la factura. Ahora, las grandes tecnológicas tendrán que buscar terrenos feos y polvorientos para instalar sus servidores. Que nadie se preocupe: la inteligencia artificial seguirá siendo inteligente, solo que ahora sudará menos y no te dejará sin ducha. Bienvenidos al capitalismo con sentido común, aunque sea forzado.