Claude Guillemot, cofundador de Ubisoft, falleció a los 69 años al estrellarse su avioneta. En 1984 abrió una tienda de informática que dio origen al gigante del videojuego. Su muerte ocurre en un momento crítico para la empresa, con pérdidas récord de 1.300 millones de euros, cancelaciones de juegos y venta de activos a Tencent. La incertidumbre sobre el futuro de la compañía y posibles cambios en la industria del ocio digital marcan el panorama.
El legado técnico de un pionero del ocio digital 🎮
Desde su primera tienda en Francia, Guillemot impulsó la distribución de software y hardware en un mercado europeo dominado por importaciones. Bajo su dirección, Ubisoft desarrolló motores propios como el AnvilNext, usado en sagas como Assassin's Creed, y expandió estudios globales para producción en serie. Sin embargo, la empresa arrastra una deuda técnica y financiera: proyectos como Skull and Bones tardaron años en lanzarse, mientras la dependencia de franquicias anuales y el auge del servicio en vivo erosionaron su base de usuarios. La venta de activos a Tencent sugiere un giro hacia la externalización.
El último game over de la familia Guillemot 💥
Claude se fue por los aires, literalmente, justo cuando Ubisoft se desmorona por tierra. Mientras la familia Guillemot negocia con Tencent para salvar los muebles, el fundador decidió probar su propia física de vuelo sin paracaídas de respawn. Al menos su avioneta no necesitaba un pase de temporada para despegar, algo que sus juegos sí exigen desde hace años. Ironías del destino: el hombre que construyó un imperio con tiendas de informática termina estrellándose cuando su empresa busca aterrizaje forzoso en China.