La Generalitat asigna 200.000 euros a Sagunt para educación, una cifra que suena a mucho en un comunicado, pero que en la práctica es una limosna. Construir un colegio nuevo, un instituto y reformar un centro de FP requiere millones, no calderilla. El PP presume de aumento general del presupuesto educativo, pero el dinero para obras concretas no llega. Sin compromiso de fondos para los próximos años, esas infraestructuras se quedarán en el cajón, esperando el próximo ciclo electoral.
Infraestructura escolar: el cuello de botella de la FP tecnológica 🏗️
Mientras los políticos prometen, los centros de Formación Profesional siguen sin los talleres ni los equipos que demanda el mercado laboral. La FP moderna necesita maquinaria CNC, impresoras 3D, laboratorios de robótica y redes de alta velocidad. Sin inversión en ladrillo y cable, no se puede formar a los técnicos que pide la industria. Sagunt, con su polo logístico y fabril, es el ejemplo perfecto: los alumnos de FP reciben clases teóricas en módulos prefabricados, mientras las empresas buscan perfiles que no se pueden entrenar en un aula con bancos de madera y una pizarra de tiza.
La asignatura pendiente: cómo aprobar sin construir ni un aula 📚
Los políticos han descubierto la fórmula mágica: anunciar inversiones históricas en ruedas de prensa y luego olvidarse de los expedientes en un cajón. Es la ley del mínimo esfuerzo: 200.000 euros dan para comprar pizarras digitales y un par de proyectores, pero no para echar los cimientos de un instituto. Los niños siguen en barracones, los adolescentes en módulos prefabricados y los profesores haciendo malabares con recursos de los 90. Los políticos confían en que los ciudadanos olviden, pero los barracones no se olvidan, se sufren. Y mientras tanto, la asignatura pendiente sigue sin aprobarse, aunque el curso ya empezó.