El nuevo presupuesto militar de 108 mil millones para 2026 enciende el debate: mientras se inyecta dinero en armamento, la sanidad y la educación sufren recortes. La ciudadanía asume el coste con impuestos más altos o servicios reducidos, mientras los beneficios engordan a la industria armamentística. Es una apuesta que descuida las necesidades civiles reales.
La lógica del gasto en defensa y su déficit tecnológico civil 🛡️
La fiebre armamentística impulsa desarrollos en sensores, drones y sistemas de vigilancia, pero la transferencia tecnológica al ámbito civil es limitada. Mientras los misiles reciben I+D, la infraestructura urbana, la digitalización sanitaria y las redes de transporte público se estancan. Vincular cada euro en defensa a otro en obra pública o educación forzaría una innovación más equilibrada, donde la seguridad no canibalice el progreso social.
Misiles para todos, pero que paguen otros 💸
La solución parece sencilla: si queremos más tanques, que nos regalen un hospital de campaña de propina. Pero no, el lobby prefiere vender bombas inteligentes y dejar que los ciudadanos usen su inteligencia para sobrevivir con sueldos de risa. Al menos, cuando venga el apocalipsis, tendremos un dron de última generación para grabar cómo nos quedamos sin agua corriente.