El Ayuntamiento de Westminster ha tomado una decisión correcta al regular el caos de las bicicletas eléctricas. Sin embargo, esta medida revela la hipocresía de las empresas de alquiler, que priorizan una expansión agresiva sobre la convivencia urbana. Externalizan el desorden a peatones y administraciones, evitando asumir los costes reales de su modelo de negocio. La solución no es más policía, sino responsabilidad empresarial.
Anclajes fijos y tasas: la única tecnología que funciona 🚲
La tecnología actual permite rastrear cada bici con GPS y bloquearla remotamente, pero las empresas evitan usar sistemas de estacionamiento fijo por su coste. Instalar estaciones de anclaje físicas, similares a las del carsharing, eliminaría el problema de las bicis abandonadas en aceras y portales. Además, una tasa municipal por ocupación del espacio público forzaría a internalizar esos costes. Sin estas dos medidas, cualquier regulación será solo un parche temporal.
La bici voladora que no pidieron los peatones 🚶
Las empresas prometen un futuro ecológico mientras convierten las aceras en campos de minas de dos ruedas. El peatón ya no esquiva cacas de perro, sino bicis tumbadas en mitad del paso de cebra. Pronto veremos a la gente usando cascos para caminar, no para pedalear. Lo más divertido es que estas firmas se llaman a sí mismas soluciones de movilidad, cuando lo único que mueven son las quejas vecinales.