Robert Eggers vuelve a la carga tras el éxito de Nosferatu. Su nueva apuesta, Werwulf, se estrena en diciembre y nos traslada a la Inglaterra del siglo XIII. Un campesino maldito se transforma en monstruo, pero no esperes un hombre lobo clásico. La cinta apuesta por colores fríos y sombras densas para generar incomodidad, prescindiendo del blanco y negro. Una experiencia de terror que promete ser original e inquietante para los seguidores del género.
El truco visual: sombras densas y una paleta helada 🎥
Eggers evita el blanco y negro, pero su apuesta cromática es igual de agresiva. La película usa una gama de azules, grises y negros profundos que reducen la saturación al mínimo. Las sombras no solo ocultan, sino que moldean la transformación del protagonista. La iluminación, casi siempre lateral y dura, crea texturas ásperas en los rostros y el paisaje. El director ha trabajado con el mismo equipo de fotografía de Nosferatu para lograr que cada plano transmita una sensación de frío y claustrofobia medieval.
El lobo feroz del siglo XIII que no pide un abrazo 🐺
Si esperabas un licántropo sensible con problemas de autoestima, mejor busca otra función. Aquí el campesino maldito no tiene tiempo para monólogos: se transforma y punto. Eso sí, la ambientación es tan opresiva que hasta el espectador querrá ponerse un abrigo. Lo más gracioso es que, con tanto gris y sombra, tal vez el mayor susto sea no distinguir si lo que se mueve es el monstruo o un mueble de la época.