Mientras el cambio climático acelera fenómenos extremos, el turismo global marca cifras históricas. Gobiernos y aerolíneas prometen seguridad, pero evitan poner límites a las emisiones del sector. Se prioriza el crecimiento económico inmediato sobre la sostenibilidad, revelando una contradicción incómoda: queremos viajar sin pagar el coste ambiental que generan esos vuelos.
Impuesto progresivo a vuelos frecuentes: la tecnología fiscal que falta 🌍
La solución técnica existe: un impuesto progresivo por kilómetro volado, que aumente con la frecuencia del viajero. Los sistemas de recaudación y seguimiento de emisiones están maduros, y los datos de reservas permiten aplicar tarifas dinámicas. Lo recaudado financiaría protección de destinos vulnerables (como costas y glaciares) y la expansión de trenes eléctricos de alta velocidad. No hace falta inventar nada, solo voluntad política para implementar lo que ya funciona en otros sectores.
Viajar es un derecho, pagar por el CO₂ ya es otra historia ✈️
Claro, porque lo justo es que todos paguemos lo mismo por volar, aunque unos lleven 15 vuelos al año y otros ninguno. Sería un ataque a la libertad individual, dicen. Mientras tanto, las islas se hunden y los glaciares se derriten, pero oye, que nadie toque el chollo del low cost. Quizá lo más sostenible sea seguir fingiendo que el problema se soluciona solo, con buenas intenciones y pajitas de papel.