El fútbol mundial vuelve a tambalearse tras una denuncia que señala al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, por anular una tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun. Según la información, la decisión llegó tras una llamada de Donald Trump, permitiendo que el jugador participara en el amistoso contra Bélgica. La federación belga presentó una apelación que fue rechazada de plano por la FIFA, argumentando que Bélgica no era parte del proceso disciplinario. Este episodio expone cómo el poder político y económico se impone sobre la justicia deportiva, erosionando la credibilidad del juego limpio.
La IA arbitral no sirve si el VAR obedece a políticos 🤖
La tecnología en el fútbol, como el VAR y los sistemas de seguimiento de jugadores, se ha vendido como la solución para eliminar el error humano y garantizar decisiones imparciales. Sin embargo, este caso demuestra que ningún algoritmo puede filtrar una llamada desde la Casa Blanca. Si los protocolos de revisión pueden ser ignorados por una intervención externa, cualquier avance técnico queda reducido a un adorno. La transparencia de los datos choca contra la opacidad de los despachos. Mientras el software registra cada infracción, las decisiones finales siguen dependiendo de quién tiene el teléfono para llamar a Infantino.
La roja se la llevó la credibilidad del fútbol ⚽
Lo mejor de todo es que Bélgica, que ni siquiera es parte del proceso, se ha quedado con la sensación de haber jugado un partido amistoso contra un equipo de 12 jugadores. Mientras, Balogun debe estar agradeciendo a Trump por su primera asistencia de la temporada: un pase directo desde el Despacho Oval. La FIFA, por su parte, ha demostrado que su lema no es Fair Play, sino Follow The Money. Al final, el único que perdió una tarjeta roja fue el sentido común.