El Tribunal Supremo ha cerrado la causa abierta tras la denuncia de un general de la Guardia Civil contra un superior. El motivo: una orden de no asistir a un acto de Isabel Díaz Ayuso en 2025. Los jueces determinaron que no hubo delito, solo un cruce de mensajes y una llamada inapropiada, aunque con expresiones groseras. El caso se archiva sin consecuencias legales para los implicados.
La burocracia interna como sistema de fallos no corregibles 🏛️
En entornos jerárquicos como la Guardia Civil, las órdenes se transmiten a menudo por canales informales: mensajes de texto, llamadas o correos. Este caso refleja la falta de protocolos claros para resolver disputas internas sin llegar a los tribunales. La tecnología actual permite registrar cada comunicación, pero sin una estructura de mediación, cualquier roce puede escalar. El Supremo ha dejado claro que lo ocurrido no alcanza el umbral penal, aunque evidencia fisuras en la cadena de mando.
El arte de no asistir a un acto sin ir a la cárcel 😅
Si algo nos enseña este caso es que, en la Guardia Civil, desobedecer una orden puede resolverse con un simple no te preocupes. Eso sí, siempre que el superior tenga modales de puerto y no deje rastro de amenazas. El general denunciante se quedó con las ganas de ver a Ayuso, pero al menos evitó un parte de sanción. El Supremo ha dictado sentencia: malos modos no son delito, solo malos modos.