Serena Williams, a sus 44 años, volvió a pisar Wimbledon tras cuatro temporadas de ausencia. Su regreso fue breve: cayó en primera ronda ante la joven australiana Maya Joint. Horas después, el suizo Stan Wawrinka, de 41, también dijo adiós al torneo. Ambos casos reflejan cómo las leyendas del deporte se enfrentan al paso del tiempo y a una nueva generación de competidores que llega con fuerza.
La biometría y los datos revelan el desgaste del cuerpo competitivo 📊
Los sistemas de análisis biomecánico en torneos como Wimbledon registran cada movimiento de los jugadores. En el caso de Williams y Wawrinka, los datos muestran una reducción en la velocidad de reacción y en la potencia de golpeo comparada con sus años dorados. Las métricas de fatiga muscular y la frecuencia cardíaca durante los puntos largos evidencian que el cuerpo humano tiene límites ante la explosividad de tenistas veinteañeras y veinteañeros. La tecnología confirma que el rendimiento de élite es un reloj de arena.
La prótesis de cadera se cotiza al alza en el vestuario 🏥
Si las rodillas de Nadal chillan, las de Serena y Stan ya están haciendo peticiones formales de jubilación. Ver a un exnúmero uno correr detrás de una pelota como si llevara lastre en los tobillos es un recordatorio de que el tenis no perdona. Lo bueno es que, mientras ellos piden hielo, las marcas de fisioterapia preparan su campaña de invierno. El deporte renueva sus figuras, pero el legado de estos campeones perdura... y sus facturas médicas también.