Carlos Sainz y Alexander Albon han lanzado una alerta desde el garaje de Williams. El FW46, lejos de evolucionar, se vuelve más impredecible con cada carrera. Los pilotos describen un monoplaza que cambia de comportamiento en cada curva, perdiendo rendimiento de forma constante. Para la afición, esto refleja la crisis de un equipo histórico que no logra dar con la tecla para mejorar su vehículo y sigue estancado sin soluciones a la vista.
El desarrollo técnico que no llega: un coche que se degrada solo 🛠️
La falta de correlación entre los datos del túnel de viento y la pista ha generado un círculo vicioso en Grove. Cada actualización, lejos de sumar décimas, introduce nuevas variables que desestabilizan el balance del coche. Los ingenieros no encuentran un punto de partida fijo para trabajar, ya que el FW46 reacciona de forma distinta en cada trazado y condiciones. Sin una base aerodinámica sólida, el equipo se limita a parchear síntomas sin atacar el origen del problema, lo que condena a sus pilotos a un sufrimiento constante.
La nueva estrategia: empeorar el coche para ahorrar en piezas 💸
Williams ha encontrado la fórmula perfecta para no gastar en mejoras: dejar que el coche se degrade solo. Así, cada fin de semana es una sorpresa. Los pilotos ya no saben si el coche subvirará en la curva 3 o sobrevirará en la 7. Es como jugar a la ruleta rusa con el volante. Al menos, si el coche sigue así, ahorrarán en neumáticos porque no llegarán a usarlos del todo. Eso sí, la fiabilidad de los nervios de Sainz y Albon empieza a fallar.