El reciente accidente en un ascensor de barcos de tipo plano inclinado ha puesto el foco en un componente crítico: la rueda de rodadura. El fallo se originó por fatiga de contacto por rodadura, provocando la rotura de la llanta. Este tipo de fallo es un clásico en sistemas sometidos a cargas cíclicas elevadas, donde el contacto repetido entre superficies genera microgrietas que terminan por propagarse.
Pipeline 3D: del escaneo láser a la simulación dinámica 🛠️
Para analizar el siniestro, se empleó un pipeline 3D con dos herramientas clave. Primero, Leica Cyclone permitió capturar la geometría real de la infraestructura mediante nubes de puntos, creando un gemelo digital de la vía y las ruedas. Esta información se exportó a Simpack, un software de simulación multicuerpo. Allí se modeló el contacto rueda-carril con precisión, reproduciendo las condiciones de carga y velocidad. Los resultados confirmaron que las tensiones de Hertz superaban el límite de fatiga del material en la zona de la llanta, explicando la fisuración progresiva.
El aviso que nadie quiso escuchar (o la rueda que dijo basta) ⚙️
Lo curioso del caso es que nadie se sorprendió. Los informes de mantenimiento llevaban meses registrando un ruido extraño, descrito como un lamento metálico cada vez que el ascensor subía. Los ingenieros lo llamaron el canto de la fatiga. Pero como cambiar una rueda cuesta dinero y parar el sistema es un engorro, se optó por subir el volumen de la radio. Al final, la rueda decidió tomarse unas vacaciones forzadas, justo a mitad de trayecto. Menos mal que no había barcos con prisa.