La operadora pública Renfe vuelve a demostrar que la libre competencia es un concepto flexible cuando se trata de ceder espacio en sus talleres. Mientras los viajeros esperan precios más bajos, la empresa matriz del monopolio ferroviario pone trabas a Iryo para acceder a infraestructuras esenciales, contradiciendo el espíritu de un mercado abierto que debería beneficiar al usuario final.
El cuello de botella técnico que frena la liberalización ferroviaria 🚧
El acceso a los talleres de mantenimiento es un factor crítico para cualquier operador. Sin una red de instalaciones compartidas, Iryo depende de la buena voluntad de Renfe para reparar sus trenes, lo que genera retrasos y sobrecostes. La solución técnica pasa por que la CNMC exija un sistema de uso transparente y tarifas reguladas, similar al modelo de acceso a las vías, eliminando así la capacidad de Renfe de estrangular a su rival mediante la gestión de los recursos de mantenimiento.
Renfe, el casero que no quiere inquilinos en su garaje 🔑
Si Renfe fuera un casero, pondría un cartel de se alquila y luego escondería la llave bajo el felpudo. La operadora pública defiende la competencia con la boca pequeña mientras cierra con llave los talleres. Es como invitar a cenar a un amigo y luego negarle el uso del tenedor. Al final, el único que paga la cuenta es el viajero, que sigue esperando ese billete low cost que prometía el mercado liberalizado.