El apneísta Miguel Lozano ha establecido un nuevo récord de España al descender a 122 metros de profundidad sin oxígeno. A pesar del riesgo extremo que implica sumergirse a esa presión, Lozano asegura que la apnea es menos peligrosa que conducir un coche. La razón: en la apnea todo está controlado y preparado al milímetro, mientras que al volante dependemos de imprevistos y del comportamiento de otros. Esto invita a replantear nuestra percepción del peligro diario.
La tecnología detrás del control en deportes extremos 🤿
Para alcanzar esos 122 metros, Lozano no se lanza al vacío sin más. La preparación técnica incluye sistemas de lastre calibrados, monitores de frecuencia cardíaca y algoritmos de descompresión. Cada inmersión se planifica con sensores que miden la presión y el oxígeno en sangre en tiempo real. El cuerpo se entrena en cámaras hipobáricas para simular condiciones. Mientras, el coche que usas a diario carece de ese nivel de control: cualquier fallo mecánico o distracción externa puede desencadenar un accidente.
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Así que ya sabes: la próxima vez que vayas a comprar el pan, considera que estás realizando una actividad más arriesgada que bajar 122 metros bajo el mar conteniendo la respiración. Eso sí, no esperes que tu seguro del coche te cubra si dices que prefieres la apnea porque es más segura. Aunque, pensándolo bien, quizá en el tráfico deberíamos usar lastre y un monitor de ritmo cardíaco. Igual así reducimos los sustos en rotondas.