En el taller Next Lab Generation en Madrid, cineastas probaron el software de realidad virtual Quill y la inteligencia artificial Magnific. Quill recibió elogios por su facilidad para crear prototipos, mientras que Magnific fue rechazado por problemas de consistencia y altos costos. Para la ciudadanía, esto muestra que la IA aún no es práctica para trabajos creativos detallados.
Quill gana terreno: prototipado ágil sin complicaciones 🎨
Quill permite a los artistas dibujar y esculpir en un espacio 3D con movimientos naturales, ideal para iterar ideas sin configuraciones complejas. Su flujo de trabajo se asemeja al dibujo tradicional, reduciendo la curva de aprendizaje. En contraste, Magnific, que promete mejorar imágenes mediante IA generativa, mostró fallos de coherencia en texturas y proporciones, además de tarifas que superan presupuestos modestos. La conclusión es clara: una herramienta accesible y predecible supera a una costosa e inconsistente.
Magnific: la IA que cobra caro y falla bonito 💸
Magnific llegó al taller como el alumno que presume de saberlo todo, pero al primer examen dibuja un perro con tres patas y lo llama innovación. Los cineastas, con la paciencia justa, prefirieron seguir moldeando sus mundos con Quill antes que pagar por errores artísticos de lujo. Al final, la IA demostró que para crear con cabeza, mejor usar las manos y ahorrarse la tarifa.