El próximo 6 de julio, Planoles, un municipio de menos de 300 habitantes en el Pirineo catalán, se convertirá en el centro de atención mundial. El paso del Tour de Francia, seguido por millones de espectadores, ha movilizado a sus vecinos. Han organizado una cronoescalada y ya esperan llenar todas las plazas de alojamiento turístico disponible en la zona.
La logística del asfalto: cómo un pueblo gestiona un evento global 🚴
Para recibir a la caravana del Tour, Planoles ha tenido que activar un plan de movilidad y señalización que incluye cortes de carretera y desvíos controlados. Se han instalado pantallas gigantes y puntos de avituallamiento con tecnología de cronometraje básico. La red de datos local se reforzará con repetidores portátiles para evitar colapsos en las transmisiones en vivo y garantizar que los aficionados puedan compartir sus fotos sin que la cobertura muera.
El otro Tour: la carrera por encontrar una cama libre 🛏️
Mientras los ciclistas pedalean, los turistas libran su propia contrarreloj: encontrar alojamiento. Las casas rurales están al 100% y ya hay quien ofrece su sofá por un precio que haría palidecer a un hotel de cinco estrellas. Eso sí, el que madruga, aparca. O mejor dicho, el que no reservó en enero, ahora duerme en la furgoneta. Menos mal que las vistas son gratis.