Un autobús con 55 pasajeros, en su mayoría temporeros, se estrelló contra un edificio en Lleida. El balance es de 46 heridos, cuatro de ellos críticos. La conductora, con solo tres días de experiencia, iba acompañada de un instructor que resultó grave. Los pasajeros aseguran que ya le habían advertido por exceso de velocidad antes del impacto. Este accidente evidencia que la falta de preparación en el transporte público pone en riesgo a todos.
Simuladores y sensores: la tecnología que pudo evitar la tragedia 🚍
Sistemas como el control de crucero adaptativo, frenado autónomo de emergencia o alertas de cambio de carril son comunes en turismos, pero escasean en autobuses de línea. Incorporar estos sensores, junto a simuladores de conducción para noveles, podría reducir incidentes. Además, un registro digital de horas de práctica obligatorias antes de operar rutas reales filtraría a conductores no aptos. La tecnología existe; falta aplicarla con criterio en el transporte público.
El instructor iba de copiloto, pero el GPS no avisa de la curva 🚦
La conductora llevaba tres días al volante y, según testigos, ya iba como si estuviera en un rally. El instructor, que debería haber pisado el freno a tiempo, acabó en la UCI. Parece que en la autoescuela enseñan a aparcar en batería, pero no a controlar la velocidad con 55 almas a bordo. Quizás lo próximo sea un cartel en el autobús que diga: si ves que la conductora tiembla, bájate en la siguiente parada 😅.