La inteligencia artificial ya patrulla nuestras calles para cazar infracciones de tráfico con precisión quirúrgica. Gobiernos aplauden la eficiencia recaudatoria, pero esta vigilancia revela una hipocresía incómoda: se prioriza la automatización del castigo sobre la inversión en transporte público accesible y seguro. ¿La raíz del problema? No se ataca; solo se multa.
Cámaras que ven todo, carreteras que no se arreglan 🚧
Los sistemas de visión artificial analizan miles de matrículas por minuto, detectan excesos de velocidad y saltos de semáforo con un margen de error mínimo. Pero esta tecnología punta convive con baches, señalización deficiente y rotondas mal diseñadas. El desarrollo técnico debería aplicarse también a mejorar infraestructuras viales y a crear algoritmos que prioricen la seguridad peatonal, no solo el ingreso por multas. La eficiencia sin planificación es solo control barato.
El radar que no sabe que tu sueldo no da para más 💸
La IA no distingue entre un conductor que va a 60 km/h porque tiene prisa y otro que va a 60 porque no puede pagar el mecánico para arreglar el cuentakilómetros. Las multas se convierten en un impuesto para pobres: el que tiene un Tesla recibe la notificación y la paga sin problema; el del utilitario del 2005 come fideos todo el mes. Quizá el próximo algoritmo debería calcular si el infractor puede permitirse el lujo de ser multado.