Marruecos dejó fuera a Países Bajos en tanda de penales y ya está en octavos del Mundial 2026. La selección africana ya no es ese bloque impenetrable que asfixiaba rivales en Catar. Ahora, con Mohamed Ouahbi al mando, apuesta por presión alta y posesión, usando un falso nueve que desconcierta a las defensas. Para la afición marroquí, el cambio significa un equipo más vistoso y con argumentos para repetir el éxito de 2022. Conclusión clara: esta versión de Marruecos es más peligrosa que la anterior. ⚽
Falso nueve y presión alta: la actualización táctica de Ouahbi 🔥
El nuevo esquema de Ouahbi abandona el 4-3-3 estático de Regragui por un 4-2-3-1 dinámico. El delantero no es un referencia fija; se mueve entre líneas para recibir y liberar espacio a los extremos. La presión tras pérdida es inmediata, con el equipo replegándose en bloque medio para robar en campo rival. Este enfoque recuerda a sistemas de clubes top, pero aplicado con jugadores de menor exposición mediática. El resultado es un juego más vertical, con transiciones rápidas que antes no se veían. El cambio no es cosmético: es estructural.
Adiós al catenaccio bereber: ahora el equipo corre y suda 💪
Antes, ver a Marruecos era como mirar una partida de ajedrez con un solo peón moviéndose. Ahora, Ouahbi ha cambiado el tablero por una pista de baile: todos se mueven, todos sudan, y hasta el portero parece un centrocampista más. Claro, el riesgo existe: si presionas alto y fallas, te comen la tostada. Pero los aficionados prefieren un equipo que muera con las botas puestas a uno que se duerma en el área propia. Y si encima ganas a Países Bajos en penales, el cambio de estilo queda justificado. Que tiemble el resto.