Se cumplen seis décadas del triunfo de Manolo Santana en Wimbledon, un hito que cambió el tenis español. En 1966, renunció a Roland Garros para entrenar en hierba mes y medio. La final se disputó sin tie-breaks, sin sillas en los descansos, con raquetas de madera y saques a 170 km/h. Un recuerdo de que el deporte evoluciona, pero la grandeza de los campeones perdura.
Raquetas de madera y saques de 170 km/h: la tecnología del 66 🎾
La técnica de Santana se forjó con herramientas hoy arcaicas. Las raquetas de madera, pesadas y de cordaje natural, exigían un golpeo preciso para generar velocidad. Los saques alcanzaban 170 km/h, lejos de los 240 actuales, pero en pistas de hierba rápida y sin tie-breaks, cada punto era una batalla de resistencia. La ausencia de sillas en los cambios de lado obligaba a los jugadores a mantenerse en pie, concentrados, con un desgaste físico que hoy parecería inhumano. Adaptarse a esa superficie era un desafío técnico total.
Sin sillas, sin tie-break y con raquetas de madera: el tenis de supervivencia 🏆
Imagina jugar una final de Wimbledon sin poder sentarte entre juegos. Los tenistas de hoy, que piden asistencia médica por una ampolla, habrían entrado en coma. Santana sudaba la gota gorda con una raqueta que pesaba como un ladrillo y un saque que no asustaba ni a tu abuela. Pero él, con su derecha y su paciencia, demostró que no necesitas fibra de carbono para ser campeón. Solo hace falta no tener miedo a la hierba y al dolor de pies.