La construcción busca alternativas para reducir su huella ambiental. Una propuesta concreta parte de mezclar plásticos de rechazo industrial, esos que no se reciclan por su composición, con arena. Al fundir el plástico, actúa como aglomerante creando bloques estructurales. El resultado evita que estos polímeros terminen en vertederos y ofrece propiedades térmicas y mecánicas para muros no portantes.
Cómo se fabrican: fusión controlada y agregados minerales 🧱
El proceso comienza triturando plásticos mixtos, normalmente polietileno o polipropileno de baja calidad. Se mezclan con arena en proporciones variables, cercanas al 70% de agregado mineral. La mezcla se calienta entre 180 y 220 grados Celsius en moldes metálicos. Al enfriarse, el plástico solidifica envolviendo la arena, formando un bloque denso. Los ensayos muestran resistencias a compresión de hasta 15 MPa y una conductividad térmica baja, similar a la del hormigón celular. No requieren cocción ni cemento.
El ladrillo que no necesita horno ni que le pidan permiso al medio ambiente ♻️
La idea suena tan lógica que casi duele: usar basura para hacer paredes. Mientras algunos discuten sobre impuestos al plástico, otros ya lo están fundiendo con arena para construir. Eso sí, habrá que explicarle al vecino que tu casa no está hecha de envases de yogur, sino de un material técnico. Pero si el bloque aguanta el martillazo y aísla del ruido, quizá hasta le parezca buena idea. Eso sí, no recomendamos lamer las paredes en verano.