Mientras los fondos de inversión acumulan miles de pisos con total libertad, la crisis habitacional se combate con el esfuerzo de quince cooperativas ciudadanas. Las administraciones miran hacia otro lado, delegando en la sociedad civil un problema que exige regulación pública del mercado y límites a la compra masiva de inmuebles.
Tecnología para la gestión colectiva de suelo público asequible 🏘️
Para competir con la lógica algorítmica de los grandes tenedores, las cooperativas recurren a plataformas de código abierto que optimizan la asignación de viviendas y el cálculo de cuotas. Sistemas como Odoo o herramientas de mapeo colaborativo permiten gestionar el parque de alquiler asequible con transparencia. Sin embargo, sin una base de datos pública que registre el stock de suelo disponible, estas soluciones son parches sobre una herida abierta por la desregulación.
Solución mágica: que las cooperativas hagan de bombero pirómano 🔥
Así que, mientras los fondos de inversión se frotan las manos, quince cooperativas intentan apagar el incendio habitacional con cubos de agua. La lógica es impecable: que los ciudadanos se organicen para frenar la especulación que las propias administraciones permitieron. O sea, que la gente se busque la vida para resolver lo que los gobiernos no regularon. Si funciona, igual luego pedimos a los pacientes que se operen a sí mismos.