La crisis de semiconductores y el aumento en los costes de fabricación han puesto contra las cuerdas a Sony y Microsoft. Los nuevos modelos de consolas se encarecen, y lo que antes era un producto de consumo masivo ahora parece un artículo de lujo. Para el jugador de a pie, la próxima generación pinta cuesta arriba, con precios que podrían dejar fuera del mercado a una parte significativa de la audiencia.
El coste oculto de los chips y la fabricación 💸
El desarrollo de una consola moderna implica procesos litográficos avanzados y componentes específicos como memorias GDDR7 y SSD personalizados. La escasez de obleas de silicio y la demanda de nodos de 3 nm disparan los precios por unidad. Además, la logística global y la inflación encarecen cada pieza. Los márgenes de beneficio se estrechan, y las compañías trasladan ese sobrecoste al consumidor final, haciendo inviable un precio de salida contenido.
Vender un riñón para jugar a 8K 😵
Pronto, comprar una consola nueva requerirá un plan de financiación a 36 meses o vender un órgano en el mercado negro. Sony y Microsoft nos prometen gráficos fotorrealistas, pero olvidan mencionar que para verlos tendrás que pedir un préstamo al banco. Y mientras ellos especulan con la escasez, nosotros hacemos cuentas para decidir si comemos o jugamos. La próxima generación será tan exclusiva que hasta los juegos vendrán con etiqueta de precio VIP.