El periodista Paulino Guerra ha puesto el dedo en la llaga con su libro Historias tristes de Colomba. Denuncia que el mundo rural ha desaparecido del radar gubernamental, mientras agricultores y ganaderos lidian con una burocracia asfixiante y un ecologismo radical que impone normas desde despachos urbanos. Los pueblos se vacían de oportunidades y se llenan de trabas, sin que nadie ofrezca soluciones reales.
Conectividad y tecnología: el espejismo digital en el campo 📡
Mientras las ciudades disfrutan de fibra óptica y 5G, las zonas rurales siguen atrapadas en el siglo pasado. La digitalización prometida para el agro se reduce a trámites online que colapsan servidores y aplicaciones que no funcionan sin cobertura. Los sensores de riego y los drones agrícolas son un lujo para unos pocos, mientras la mayoría depende de tractores viejos y cuadernos de campo. La brecha digital no se cierra: se ensancha con cada nueva normativa.
El ecologista que confunde una vaca con un sofá 🐄
Resulta que desde la ciudad es muy fácil prohibir el pastoreo mientras pides un café de origen sostenible. Los mismos que nunca han pisado barro exigen que los ganaderos críen vacas en prados de postal, pero sin olor, sin ruido y sin que molesten a los turistas. Si el campo desaparece, al menos tendremos más espacio para plantar placas solares y construir hoteles rurales con piscina infinita. Eso sí, sin agricultores.