El Ministerio de Cultura arrastra una contradicción interna: paga mejor a sus músicos que a sus bailarines, pese a que ambas disciplinas exigen un esfuerzo artístico y físico similar. Esta brecha salarial choca con el discurso oficial de igualdad, generando malestar entre los profesionales de la danza, que reclaman una equiparación progresiva de las tablas retributivas.
Revisión técnica de las tablas retributivas en la cultura pública 🎭
La solución pasa por auditar las categorías profesionales del sector cultural público. Un análisis de puestos permitiría identificar desajustes entre las tareas reales y los grupos de cotización asignados. Implementar un sistema de valoración basado en horas de ensayo, riesgo físico y carga técnica, similar al usado en otras administraciones para bomberos o sanitarios, ayudaría a establecer criterios objetivos. La actualización debe ser gradual para no desestabilizar presupuestos, pero con plazos concretos.
El ministerio predica igualdad, pero su nómina baila otro ritmo 💃
Mientras el ministro habla de justicia social, dentro de casa los bailarines cobran menos que los músicos por hacer piruetas igual de exigentes. Quizá el problema es que nadie ha hecho el cálculo de cuánto vale un escorzo bien ejecutado frente a un do de pecho. Con lo fácil que sería equiparar las cifras y evitar que el cuerpo de baile tenga que pedir la palabra con la cartilla de reivindicaciones.